sábado, 20 de julio de 2013

El discreto encanto de la burguesía

En la calle transversal a la que vivo hubo durante muchos años una tienda de muebles, bien acreditada y famosa en la ciudad. Hacía esquina y todo eran grandes cristaleras.

No sé lo que le pasó al propietario, pero un día se le cruzaron los cables y las cristaleras empezaron a llenarse de cartelitos manuscritos donde se soltaban diatribas contra no sé qué. Por lo visto, estaba muy enojado con algo que, a tenor por el contenido, bien podría ser alguna intervención municipal o institucional.

Pasaron los meses y el "collage" aumentaba sin cesar, hasta el punto de que ĺos escaparates llegaron a estar completamente recubiertos de cartulinas manuscritas, presentando un espectáculo bochornoso y lamentable.

Porque esas cosas pueden ser de recibo en un tablón de anuncios de un sindicato, pero no en la fachada de un establecimiento comercial y menos aún a manos de un distinguido elemento de la burguesía local.

Cuando vi por primera vez los carteles, me dije que eso era una sentencia de muerte para su propio negocio, como así resultó ser.

La burguesía siempre ha de mantener su "discreto encanto" si quiere sobrevivir.

Hoy en día se meten a crear páginas webs comerciales, y especialmente redes sociales comerciales, elementos que no proceden de la burguesía y que convierten sus "íntimos" asuntos del negocio en materia de "patio de vecinos", en un ejercicio exorcizador que siempre les conduce a la muerte.